Tuesday, September 29, 2009

Bases militares en Colombia

Colombia es un país sui géneris que alberga a las fuerzas subversivas más antiguas del continente americano, marxistas en el auge de la guerra fría y narcotraficantes cuando técnicamente fue historia; no es casual que nunca hayan recibido apoyo consciente en su país, salvo de quienes se benefician estas actividades. Tampoco es fortuito que las fuerzas irregulares organizadas por los terratenientes y por los propios militares, ante la frustración por los fracasos, permitidas por los gobiernos de turno, convirtieran del remedio un mal mayor. La violencia es característica de la raza humana, más acuciada en determinadas regiones. El gobierno de Uribe la ha combatido con fuerza, y obtenido éxitos rotundos por el desgaste irremediable de las épocas; la persistencia es discontinua, accidentada e ilógica. A lo largo de las últimas cinco décadas los países vecinos enfocaron tal calamidad como un problema allende de sus fronteras. Y cuando el tráfico y el consumo se expandieron buscaron soluciones individuales, la unión es atípica para temas comunes. Estados Unidos ha sido el único que extendió la mano para ayudar a combatirlos. Los países desarrollados son los que más aportan a los subdesarrollados y los que más críticas reciben. Los países pobres de América lo son por propia culpa: no han salido del pasado de colonia, los Estados Unidos lo recuerdan en los libros. No agradecieron los millones recibidos de la iniciativa para las Américas, despilfarrados descaradamente; al contrario del dinero del plan Marshall que sacó a Europa de las ruinas, al final de la Segunda Guerra Mundial, siguieron siendo pobres; no pudieron hacerlo mejor, es la ley de la desigualdad. El mundo está dividido en países  que cargan la antorcha sobreponiéndose al cansancio, y los que reposan el doble y corren más lento con el brazo a medio levantar. Así como los ticos siempre tienen tiempo para tomar café con pan dulce varias veces al día con sus respectivas y fútiles sobremesas. Pero no hay remedio, para que la vida no se desvíe por los caminos del oscurantismo deben, los más inteligentes y fuertes, sacrificarse el doble y el triple. Las bases militares que asustan a Venezuela, cuyo gobierno sigue el camino de Cuba y de Rusia en una simbiosis sangrienta, persiguen también el propósito de contrarrestar la amenaza que representa y que tampoco comprenden los vecinos, ni siquiera han aprendido que el izquierdismo es una tontería. Ni modo, las modas políticas en América siguen las tendencias de los pantalones, estrechos en los ochenta y en el final de la primera década del siglo XXI, no es lo mismo, pero es igual.

Sunday, September 27, 2009

Socialismo ¿un fracaso?

No pocos neófitos han calificado al «modelo socialista» como un rotundo fracaso, un camino errado que ha demostrado su inconsistencia, sobre todo después de la caída del Muro del Berlín. Los análisis, centrados en la  fría comparación con el capitalismo son válidos, pero no del todo certeros. Lo que sucede es que el socialismo no es lo que parece;  es lo que ya ha existido modernizado: el  feudalismo reformado a los intereses de los que encarnan la parte oscura de la humanidad. Los seres humanos tienen un comportamiento de manada, las mayorías se pliegan ante quien les demuestra poder, poder, disputado por otros individuos fuertes. La vida transcurre, para unos, luchando por imponerse, para los demás tratando de adecuarse al vencedor. La desigualdad es la piedra angular del universo. La humanidad no avanza por un derrotero único, sino por tantos cuantos líderes existan, pero como para sobrevivir, el caos debe subordinarse a ciertas leyes, se reduce, con diversas tendencias, al que ha llevado al capitalismo, sistema imperfecto producto de la propia diversidad, como todo lo que salga de la mente del hombre, y el que se le opone, como el amor al odio y la felicidad a la tristeza. Tampoco es la única fuerza del mal que existe, sino una de sus variantes. Hay varios regímenes que oprimen y destruyen, y no se califican de comunistas. Los nombres nada definen, los fascistas bajo la guía de Hitler no se diferenciaron demasiado de los comunistas sojuzgados por Stalin, tan sólo en las personalidades; los objetivos coinciden aunque varíen las tácticas y las estrategias. Si hace quinientos años los monarcas empleaban el frío asesinato en el siglo XXI los Castro, el aprendiz Chávez y los de este echan mano a los medios de difusión masiva, a esbirros entrenados en métodos sicológicos de represión, son herederos de la maledicencia acumulada en la historia de la humanidad, la cual ha evolucionado para no desaparecer, atravesando ciclos de esplendor y de declive. No puede ser destruida de raíz, es el contrapeso imprescindible para un equilibrio incomprensible porque es brutal. La vida se mantiene con la letal energía del sol. Lo que interviene en la creación de formas superiores de organización de la materia es su enemigo más encarnizado. El hombre, especie dominante, es el principal enemigo de sí mismo, destruye la naturaleza que lo parió, a lo vivo, a lo inerte que lo alimenta. No puede evitarlo está en sus genes tensar los límites que lo sustentan, El hombre es lo que ha sido, y lo que será es un misterio, los sucesos futuros no son elegibles.

Thursday, September 24, 2009

Prólogo de la novela cubana Síndrome de Estocolmo

            Los cuatro hombres, ataviados de pies a cabeza con ropas más brunas que la oscuridad reinante, viajaban en silencio. Llovía a cántaros; las tenues luces que alumbraban la estrecha y serpenteante, única senda asfaltada del caserío, parecían manchas deformadas,  desparramadas por los barridos de los limpiaparabrisas sobre la superficie del azotado vidrio exterior. La visibilidad reducida no preocupaba al piloto: había cubierto el recorrido tres veces en condiciones similares durante los siete días anteriores. El diluvio borraría las huellas, camuflaría los ruidos y limitaría la capacidad de observación de los posibles testigos indeseados; con seguridad, metidos debajo de las cobijas en la medianoche, aplazando para el amanecer los imponderables repentinos; los montunos se tomaban con calma los apurillos. El auto, del tipo compacto, de marca y de color similares al que parqueaba de vez en cuando en la casa-objetivo, detuvo la silenciosa marcha; tres de los ocupantes descendieron, y dejaron las puertas entreabiertas. El chofer oprimió un botón y activó los sensores encargados de evitar sorpresas en un radio de varios metros alrededor del emisor; el parpadeo de la pizarra y un bordoneo característico, al interrumpirse la señal de alta frecuencia, eran las señalas de alarma. No lo consideraba imprescindible, aquella era una operación sin mayores complicaciones, sin peligro de oposición activa ni encarnizada, sin aparentes riesgos, mas los contratistas suministraron el equipo nuevo, y prometieron que la técnica mejoraría sustancialmente en el futuro para ponerlos a tono con el resurgimiento de la insurgencia de baja intensidad, orientada a carcomer gobiernos, a promover inestabilidad en beneficio de candidatos de izquierda o de derecha con fabricada imagen de moderados. Uno de los sujetos se ocultó detrás de una especie de paraban de madera, entre las sombras, para vigilar y servir de apoyo; un segundo se adentró por un estrecho y corto pasillo irregular lleno de cajas plásticas y de cartón, de escobas, de botellas y de latas vacías, de maceteros con y sin plantas, de todo tipo de obstáculos desperdigados: la imagen de la pobreza de espíritu. A pesar de las tinieblas no estrenó los binoculares de visión nocturna de segunda generación. Habían recogido un sinnúmero de fotografías y de videos a dispares horas con un visor nocturno digital 5x42 y con un robot táctico, de 187 milímetros de largo y 38 de diámetro, para corroborar la descripción del colaborador durante los interrogatorios y, diseñado con los datos, una fiable reproducción computarizada tridimensional del inmueble. Se acercó con sigilo a una ventana, el agua que se escurría por su traje no lo molestaba, lo entorpecía el desorden. Con movimientos pausados despegó las tapas de la bolsa, unidas por un cierre de velcro «silencioso», de uso militar, con igual sistema de fijación a la cadera por medio de correas alrededor del muslo y al cinto. Extrajo un balón con un gas licuado, lo agitó levemente, lo destapó y, le introdujo, presionando, con movimientos entrenados, una boquilla con una vermiforme manguera de un metro de longitud. Alargó la mano derecha y desjuntó con mucho cuidado, para evitar que se desprendiera, una persiana de vidrio, e introdujo un extremo del tubo. Los guantes bien ajustados, con propiedades adherentes, le facilitaron la sujeción a pesar de que sudaba. El pulgar de la mano izquierda oprimió la parte superior de la válvula, y esperó tres largos minutos antes de hacerlo nuevamente. El tercer sujeto lo imitaba; repitió la operación en una de las ventanas del portal, y fue a sustituir al vigilante. Las moléculas de la mezcla de gases inodoros descenderían con lentitud para lograr el efecto narcotizador al ser inhalado por los cuerpos yacientes, el cual cesaba pasados quince minutos, con el inicio de la descomposición, hasta desaparecer sin dejar rastros detectables para el más delicado olfato pasada una hora. Sin perder tiempo se dirigieron hacia la meta principal; ascendieron con lentitud, de uno en fondo, la escalera de hierro al final del pasillo, la persistente y monótona lluvia ahogaba los rítmicos pasos. El que encabezaba se detuvo y, sin estirarse demasiado, introdujo el conducto del cilindro presurizado por la hendija que separaba al marco superior de la puerta de madera barata. El gas era más pesado que el aire, pasados noventa segundos cubría el setenta u ochenta por ciento de una habitación de cuatro a seis metros cuadrados. Guardó el contenedor de quinientos centímetros cúbicos con los accesorios en la bolsa, sacó una llave maestra para forzar la cerradura, después de esperar agazapados un rato prudencial, sabían de qué tipo era por las instantáneas, y cómo hacerlo con la original colocada del otro lado; lo aprendieron en un foro en la Internet. Antes de entrar se colocaron máscaras antigás que les cubrieron narices y bocas, encendieron pequeñas linternas enganchadas en la cintura, y empujaron la batiente con suavidad. El puntero avanzó en línea recta, los guiaba un plan con dos posibles variantes de ubicación. El zaguero se desvió hacia la derecha, rodeó la cama matrimonial, halló al bebé, como se suponía, y tocó levemente un círculo naranja en el extremo superior de la pantalla táctil del reloj digital en la muñeca izquierda. La comunicación la realizaban por medio de impulsos eléctricos que se transformaban en silbidos cortos e intermitentes que escuchaban a través de un minúsculo audífono introducido en la oreja, cuyos significados debían ser previamente asociados con sí, no, peligro, avance, retirada…, así evitaban utilizar mensajes de voz cifrados para comandos simples. El primero en entrar dirigió el haz de luz al rostro de la madre y, convencido de que estaba inconsciente, regresó sobre sus pasos para conducir la retirada, por el mismo procedimiento había comunicado que esa parte del plan estaba por cumplirse. El otro extrajo de una bolsa, también ajustada a la cadera, un saco impermeable acolchonado y, con torpeza, alzó e introdujo al bebé de poco más de un año. No comprobó sus funciones vitales, salió con prontitud y descendió por las escaleras con impericia. El centinela cedió el puesto, y se adelantó para abrir completamente una de las puertas traseras del carro al que transportaba la carga en brazos, tampoco la atrancó esta vez. Luego, fue hasta el maletero y sacó un bulto en un saco similar al utilizado para el secuestro; regresó a la casa, y subió saltando los escalones de dos en dos, pero sin afincar el calzado antideslizante. Llevaba a un infante drogado de más o menos la misma edad; por poco dinero los piedreros conseguían lo que fuera en los precarios; resultaba fácil eliminarlos, culpaban a los iguales de las zonas rojas. Colocó el cuerpo tibio e indefenso, sin prestarle atención, el que pasaría de la luz a las sombras sin comprender eso ni nada, junto a la mujer de edad madura; cerró el cuarto con precaución, descendió y, con movimientos ágiles, violó el pequeño candado que cerraba el acceso al recinto localizado debajo del cuarto que había dejado. Mientras revisaba y manipulaba los cables que entraban y salían, sin orden ni protección, de un registro eléctrico, atornillado al ras de las desnudas paredes de madera, minadas por las termitas, ayudándose con un lapicero-linterna que sostenía con los dientes, el secuaz que había encontrado al pequeñuelo regresó casi corriendo, las acciones de los hombres se aceleraban conforme pasaba el tiempo, con un pesado envoltorio envuelto en tejido de baja porosidad. Tardaron dos minutos en sincronizar un «accidental» corto circuito con el regulador «defectuoso» del cilindro de gas para cocinar, habitual en aquellas comunidades durante los regulares y prolongados temporales. Se reunieron con el vigilante de turno, quien informó del fin de la operación, y se encaminaron con paso normal al vehículo que los esperaba con el motor encendido. El chofer por medio del código de señales había autorizado el abordaje.
         Cuando la detonación se produjo ya estaban a varios kilómetros, avanzaban con moderación sobre el irregular asfalto resbaloso. La borrasca continuaba; ni señales de advertencia, ni de límites de velocidad, les facilitaban el viaje hacia la frontera norte, pero conocían el camino, la única forma de no terminar en un guindo en aquel país que algún beocio se le ocurrió comparar con los herederos de los helvecios y los suevos.
 
          La vida es una mierda porque las ideas preconcebidas sobre el futuro durante la adolescencia y la temprana juventud son ingenuas fantasías. No es necesario viajar a la velocidad de la luz para comprender la variabilidad del tiempo: hasta los veinte años apenas se nota luego, no se puede detener. Los acontecimientos se desarrollan por antojos y, generalmente, no conceden segundas oportunidades. La experiencia, cuando llega, sirve para interpretar el pasado. La sabia virtud expuesta en los sagrados Diez Mandamientos se extravió antes que el Arca de la Alianza: el egoísmo y el egocentrismo son del hombre como la empuñadora de la espada, y el instinto solidario sirve para cubrir las apariencias; es sádico, ambicioso de cargos distintivos y de recompensas; se cultiva y no es feliz, se frustra y no estudia; critica lo impuesto y aspira a lo pasado; para cada generación más de lo mismo es nuevo. Porque el fuerte aplasta al débil; al bueno emprendedor le llaman tonto si es engañado por el malo haragán, el astuto. Los fracasos de los unos son los triunfos de los otros, sin los cuales el conglomerado humano no avanza, se estanca y perece, aunque el movimiento no implique cambios de esencias, de sentidos y de metas. Porque la irrestricta libertad de expresión es una utopía: las sinceras críticas al comportamiento del que manda, por autoelección, por designación o por votación; al hermano de sangre, al verdadero amigo o al vecino cercano son tan apreciadas como el cáncer. Los momentos agradables son efímeros e insulsos, y los desagradables tan persistentes que se recuerdan siempre. Lo justo y lo  injusto son conceptos indefinidos utilizados para ocultar intereses mezquinos. Porque es difícil gobernarse a sí mismo: la voluntad escapa de la razón y los sentimientos de la cordura. El amor es indescifrable, negociable e intercambiable por la mercancía universal de trueque, ya sea condenado o alabado por las leyes terrenales o por las divinas; mueve al mundo, igual que la palanca de Arquímedes, por lo elevado de las evocaciones sentimentales o por lo práctico de las transacciones. Aparece y desaparece después de inducir al sufrimiento; empuja hacia las personas equivocadas, las que aplastan, humillan, se ríen de los sentimientos genuinos, y hacen parecer estúpidos a los camelados para que pierdan el control, les asalte la tristeza, la melancolía y el dolor. Y, si por azar se encuentra la compañía adecuada, tarde o temprano invade el espacio individual, ulcera el ánimo, malgasta el esfuerzo y resiente el dolor de la incomprensión. La convivencia social es una creación natural podrida: los amigos son tan abundantes como las lluvias en un inhóspito desierto austral y las olas de tres metros en una norteña bahía de bolsa. Porque vivir con los padres es tan perjudicial como el efecto invernadero: las familias son sólidos apoyos y enemigos acérrimos. El mundo está atiborrado de objetos materiales deseables y complicadamente alcanzables hasta para los propios productores, al margen del país, del siglo o de la formación económico-social. Las sociedades son semejantes con independencia de los gobiernos y de los paradigmas: lloran, fornican, se resisten al destino inverecundo que las persigue, se prostituyen para sobrevivir; se corrompen ya que el alabado supremo es perverso, ciego, tonto, chistoso o cruel. Porque la civilización en milenios no ha cambiado un ápice, siempre ha sido así, lo es y lo será, sabe Dios, hasta cuándo.  

Publicada en http://amdorg.bubok.com

Zelaya, certero golpe

   Manuel Zelaya el aún presidente elegido en legítimos sufragios regresó a Honduras para encerrarse en la embajada de Brasil, y presionar, desde un lugar seguro, al gobierno que lo suplantó. Los intentos de retornar al poder  por medio de la presión internacional resultaron fallidos; el apoyo de la Organización de Estados Americanos dominada por los utraizquierdistas, prochavistas y castristas ,no fue suficiente, tampoco la subversión interna alentada desde el exterior por medio de esbirros al servicio de Daniel Ortega. Es obvio que no tiene el apoyo de las mayorías, no es un líder nato, tan sólo un hacendado con manías de grandeza y poco talento para la arenga, personaje típico de Centroamérica: mucho ruido y pocas nueces. Chávez lo sabe bien, pero no tiene una mejor opción, en definitiva Zelaya es un eslabón en la cadena que trata de fundir, como la que intentaron los soviéticos. El hombre choca varias veces con la misma piedra, está en sus genes la egolatría que una y otra vez lo lleva al fracaso. Así que apostó por el método favorito del criminal que lo inspira, Fidel Castro, el derramamiento de sangre, utilizando mercenarios que por dinero hacen lo que sea para fabricar mártires de muertos de hambre, de infelices  y de individuos de mala entraña. Lo ampara la indecisión del gobierno de Barack Obama, un inexperto en política que no entiende que el mundo requiere de líderes fuertes, ni que cediendo en las posiciones tradicionales de Estados Unidos sólo incentiva el terrorismo. El cambio que trata de personificar es resbaloso y se escurre con facilidad. La humanidad es fácil de enamorar, pero difícil de transformar. En tanto, el pueblo, al que Zelaya dice representar y que no entiende, seguirá sufriendo, y la inmigración ilegal creciendo. A fin de cuentas tampoco son tenidos en cuenta por nadie. El gobierno de Micheletti tampoco eliminará la pobreza congénita, es parte de esta región del mundo, aunque nadie lo reconozca; negarlo da votos. Los que no tienen nada o muy poco no quieren mirar adentro de sí mismos, y eso lo saben los que viven de la política. El resultado final dependerá de lo que ganen las partes con dinero en conflicto, incluyendo al mediador Óscar Arias, a quien se le subió el Nobel de la Paz a la cabeza y marcha hacia el Medio Oriente a tratar de detener la violencia mientras, la de su país aumenta sin cesar, y al Secretario General José Miguel Insulza, quien por reelegirse condena a Honduras y exonera a Cuba, cuya dictadura es responsable del retroceso y estancamiento económico de la región. La violencia vende, así que los medios de prensa estarán ufanos por muchos años.

El señor Juanes

  El señor Juanes es «buena gente»: reunió un grupo de músicos de fama internacional, los invitó a Cuba, y cantaron  de gratis por unas cuantas horas, vestidos de blanco, ante cientos de miles de espectadores excluidos de las giras de las estrellas internacionales. En la isla embarcada por un régimen más sangriento e inmoral que el precedente derrocado por los actuales dictadores, hermanos y socios cercanos, el aislamiento es lo único que abunda; las necesidades básicas no pueden ser cubiertas ni con el salario completo de un simple obrero ni con el de un cirujano, no involucrado en el convenio «Barrio adentro», por lo tanto son fanáticos de tercera. El señor Juanes, quien mostró su satisfacción por haber vencido la intolerancia de algunos grupos en el exilio, quien piensa que la música puede unir a los pueblos, no puede excederse en los actos de caridad: es una mercancía con dos patas que no se manda, aunque no lo sepa, como el pueblo que gracias a su feliz iniciativa continuará, si no peor, al menos, igual. Pero un poco es un jugoso negocio para los patrocinadores del artista: la exposición gratuita en los medios, aumenta el valor de las mercancías con patas, más si no tiene que ver con drogadicción y alcoholismo, vicios que reducen la vida útil de estas. Así que no importa mucho si es un patriota, un ingenuo o un buscador de experiencias sexys. La dictadura cubana fue, quiéralo o no, también beneficiada; otra figura de renombre la legitimó con su presencia, además de dejarle miles de dólares. Este año la OEA se arrepintió de haberla expulsado de su seno y varios presidentes latinoamericanos desfilaron por primera vez, en medio siglo, por el Palacio de la Revolución. Lo que explícitamente significa que está muy lejos el cambio que ha cobrado, de tanto esperar, las vidas de generaciones completas. Al poder no se renuncia por propia voluntad: es más adictivo y mortal que la cocaína e, inexplicablemente, legal. La paz que el señor Juanes buscaba con el concierto se alejó más de los sufridos cubanos, tampoco mejoraron las relaciones entre los gobiernos de Colombia y Venezuela por el organizado por él el año anterior, al contrario, empeoran por día. Las mercancías con patas  no pueden entender  que nunca cambiaran al mundo porque son ropa usada sobre maniquíes inermes, menos que en Miami hay dos tipos de cubanos: los que se fueron esquilmados, usurpados y expulsados, obligados a comenzar de cero y los que vivieron diez, quince, veinte años bajo el sistema,  nunca tuvieron nada y encontraron en el exilio una carga más llevadera, están hartos de la política y conservan en su piel, incrustado desde que nacieron, el miedo a denigrar al Comandante en Jefe so pena de no poder viajar con pacotilla para la familia. El señor Juanes dice que no conoce la paz desde que nació, que la extraña en su mansión en el Primer Mundo. La vida es así: los intereses predominantes son los de las minorías. Por eso para satisfacer el espíritu con bellas melodías los millones le pagan a los miles que controlan los canales de comunicación y las creaciones  de los creadores.

Monday, September 7, 2009

Salí de la isla del Caribe para hundirme en un pueblucho en medio del Valle Central, un lugar que vive del café sin que existan grandes plantaciones, donde la gente  se sienta a esperar por un no sabe qué, donde no hay forma honrada de vivir: los pequeños negocios sobreviven como una locomotora de vapor del siglo diecinueve, para exhibición, por el capricho de negarse a buscar nuevos horizontes. Costa Rica no tiene nada de Suiza y sí mucho de África; dejadez, envidia y desdén por todas partes.  No es un país igualitario, sino de egoístas, de chovinistas que son más orgullosos cuanto más tontos, donde hay más instituciones estatales ineficientes que en un país comunista. Escribir un blog es un una prueba de resistencia: mi conexión ADSL del ICE es un huésped perenne. Aparece y desaparece en cualquier momento y cuanto más inestable más cuesta. Y para qué quejarse si no hay forma de remplazarlo. Y la apertura en telecomunicaciones es para la ciudad. En el campo no hay competidores: la demanda no se incrementa, la vida es una reiteración. Por eso escribo y publico cuando puedo. Los fines de semana la inestabilidad alcanza  el climax para torturarme más. Soy, quizás, entre los «elegidos» que vivían mejor dentro de la esclavitud. Mi mujer dice que no hace falta y el vecino no le encuentra utilidad; en los noticiarios sola la denigran. El miedo paga los espacios publicitarios de las televisoras, las cuales no tienen más que ofrecer.
Ayer leí el último artículo, sobre cómo abordar la inseguridad ciudadana, escrito por Kevin Casas, el «flamante» ex vicepresidente, quien estudió en una universidad del Primer Mundo, tiene buenas relaciones y, consecuentemente un futuro promisorio, aunque escriba estupideces, no tenga madera de líder, don de mando y escasa visión política. El problema de la policía ineficiente no radica en los bajos salarios ni en las deprimentes condiciones de desempeño. Influyen, pero no determinan. Jamás será una función adecuadamente remunerada. El problema está en la falta de exigencia que se manifiesta en todos los niveles y sectores. Los ticos confunden libertad con libertinaje. No es casual que el libro de cabecera del Che Guevara fuera El hombre mediocre; hay hombres que determinan y otros que obedecen, regidores y regidos, pero como el ochenta por ciento de la humanidad cae dentro de esa inquietante y real calificación lo hicieron un mártir, un ejemplo de virtud, gracias a la verborrea de Fidel y su pericia para manipular la historia, la que en mi tierra se ha pedido por obra del interés en dominar y explotar. Los hombres son una raza despreciable: se relacionan mejor con las bestias que con sus iguales. Por más que contradictoriamente las relaciones sean imprescindibles, más en Costa Rica. Pero mi nativa mujer no lo cree así, piensa que atravesamos dificultades porque yo no quiero buscar trabajo de ingeniero, levantarme a las cuatro de la mañana, los buses son una rareza histórica, ni llegar a las ocho de la noche cubierto de barro, las aceras no existen ni en lo que llaman ciudades.
La señal de internet llegó y se fue en un segundo y seguirá así, tal vez sea comunista, o el comunismo no exista, y todos los hombres sean iguales, y la vida una lucha sin cuartel. Llegó nuevamente: ¿Cuánto demorará  en desaparecer? Dicen que regresar a la isla sería una estupidez, que la «Seguridad» me haría la vida imposible, más aquí es una terrible necesidad. Nuestro pequeño negocio cumple tres semanas de ganancias nulas, y los precios acaban de aumentar. Así que internet será pronto un desagradable recuerdo. Comencé a aplicar para encontrar trabajo, he enviado no sé cuántas hojas de vida. Y que será de mi libro. Justo al terminarlo la cosa se puso fea y no he podido viajar para obtener el ISBN, como si mi destino fuera fracasar sin remedio. Si el señor existe me tiene en la lista negra. Y si me voy tampoco podré publicarlo; habré desperdiciado más años. La vida es una mierda para algunos. La conexión dura nueve minutos, claro, la velocidad es tan baja que editar será un suplicio: dos buenas noticias son demasiado para mí. Se fue, como yo tengo ganas de hacer. No soporto vivir entre tanta gente que me es y le soy indiferente. En la isla vivía con mis padres, aquí en un cuartucho de palo a punto de derrumbarse, si antes no me caigo yo con todo el reguero de esta gente, adictos a cerrar el paso con todo tipo de regueros. No hay dudas que José Ingenieros tenía razón.
Definitivamente no podré publicar hoy, la internet no aparece. Y luego los bloggeros cubanos se quejan de limitaciones. Aquí me roban y tampoco puedo protestar, es una realidad que no contemplé, que nadie creería, pero que existe. El comunismo está en todas partes, la diferencia es que en la isla y en todas las  dictaduras llega a su máxima expresión. Aquí no percibo protestas masivas, esta gente son candidatos idóneos para caer bajo las garras del socialismo del siglo XXI.
El lunes fue el día que pude publicar ya no pondré fechas, seguiré como pudad

Friday, September 4, 2009

Remembranza por los cuatro años de exilio

4/9/2009

El tiempo pasó y me legó deudas de incertidumbre, de deseos insatisfechos, de fracasos. Al salir de Cuba pensé que mi mayor problema estaba resuelto. El aislamiento forzoso me retrotrajo doscientos años, cuando el mundo era el doble de extenso, Julio Verne no había nacido, menos su exitosa novela sobre un viaje a la luna. La realidad me agarró por una «pata», me hizo caer y golpearme la frente contra algo más duro que el cemento y las piedras. En la patria, en la que no somos personas porque no podemos siquiera comer una fruta tropical, ni que decir de opinar, pensar solo para los adentros bien profundos, donde, incluso, la Seguridad del Estado puede acceder de mil macabras formas, la soledad que provoca la fractura de todos los sueños no es la peor de todas. Yo la experimenté entre seres sin muchas luces que me miraron por encima del hombro, que no extendieron una mano para ayudarme.


continuará