Tuesday, September 29, 2009

Bases militares en Colombia

Colombia es un país sui géneris que alberga a las fuerzas subversivas más antiguas del continente americano, marxistas en el auge de la guerra fría y narcotraficantes cuando técnicamente fue historia; no es casual que nunca hayan recibido apoyo consciente en su país, salvo de quienes se benefician estas actividades. Tampoco es fortuito que las fuerzas irregulares organizadas por los terratenientes y por los propios militares, ante la frustración por los fracasos, permitidas por los gobiernos de turno, convirtieran del remedio un mal mayor. La violencia es característica de la raza humana, más acuciada en determinadas regiones. El gobierno de Uribe la ha combatido con fuerza, y obtenido éxitos rotundos por el desgaste irremediable de las épocas; la persistencia es discontinua, accidentada e ilógica. A lo largo de las últimas cinco décadas los países vecinos enfocaron tal calamidad como un problema allende de sus fronteras. Y cuando el tráfico y el consumo se expandieron buscaron soluciones individuales, la unión es atípica para temas comunes. Estados Unidos ha sido el único que extendió la mano para ayudar a combatirlos. Los países desarrollados son los que más aportan a los subdesarrollados y los que más críticas reciben. Los países pobres de América lo son por propia culpa: no han salido del pasado de colonia, los Estados Unidos lo recuerdan en los libros. No agradecieron los millones recibidos de la iniciativa para las Américas, despilfarrados descaradamente; al contrario del dinero del plan Marshall que sacó a Europa de las ruinas, al final de la Segunda Guerra Mundial, siguieron siendo pobres; no pudieron hacerlo mejor, es la ley de la desigualdad. El mundo está dividido en países  que cargan la antorcha sobreponiéndose al cansancio, y los que reposan el doble y corren más lento con el brazo a medio levantar. Así como los ticos siempre tienen tiempo para tomar café con pan dulce varias veces al día con sus respectivas y fútiles sobremesas. Pero no hay remedio, para que la vida no se desvíe por los caminos del oscurantismo deben, los más inteligentes y fuertes, sacrificarse el doble y el triple. Las bases militares que asustan a Venezuela, cuyo gobierno sigue el camino de Cuba y de Rusia en una simbiosis sangrienta, persiguen también el propósito de contrarrestar la amenaza que representa y que tampoco comprenden los vecinos, ni siquiera han aprendido que el izquierdismo es una tontería. Ni modo, las modas políticas en América siguen las tendencias de los pantalones, estrechos en los ochenta y en el final de la primera década del siglo XXI, no es lo mismo, pero es igual.

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