Thursday, September 24, 2009

El señor Juanes

  El señor Juanes es «buena gente»: reunió un grupo de músicos de fama internacional, los invitó a Cuba, y cantaron  de gratis por unas cuantas horas, vestidos de blanco, ante cientos de miles de espectadores excluidos de las giras de las estrellas internacionales. En la isla embarcada por un régimen más sangriento e inmoral que el precedente derrocado por los actuales dictadores, hermanos y socios cercanos, el aislamiento es lo único que abunda; las necesidades básicas no pueden ser cubiertas ni con el salario completo de un simple obrero ni con el de un cirujano, no involucrado en el convenio «Barrio adentro», por lo tanto son fanáticos de tercera. El señor Juanes, quien mostró su satisfacción por haber vencido la intolerancia de algunos grupos en el exilio, quien piensa que la música puede unir a los pueblos, no puede excederse en los actos de caridad: es una mercancía con dos patas que no se manda, aunque no lo sepa, como el pueblo que gracias a su feliz iniciativa continuará, si no peor, al menos, igual. Pero un poco es un jugoso negocio para los patrocinadores del artista: la exposición gratuita en los medios, aumenta el valor de las mercancías con patas, más si no tiene que ver con drogadicción y alcoholismo, vicios que reducen la vida útil de estas. Así que no importa mucho si es un patriota, un ingenuo o un buscador de experiencias sexys. La dictadura cubana fue, quiéralo o no, también beneficiada; otra figura de renombre la legitimó con su presencia, además de dejarle miles de dólares. Este año la OEA se arrepintió de haberla expulsado de su seno y varios presidentes latinoamericanos desfilaron por primera vez, en medio siglo, por el Palacio de la Revolución. Lo que explícitamente significa que está muy lejos el cambio que ha cobrado, de tanto esperar, las vidas de generaciones completas. Al poder no se renuncia por propia voluntad: es más adictivo y mortal que la cocaína e, inexplicablemente, legal. La paz que el señor Juanes buscaba con el concierto se alejó más de los sufridos cubanos, tampoco mejoraron las relaciones entre los gobiernos de Colombia y Venezuela por el organizado por él el año anterior, al contrario, empeoran por día. Las mercancías con patas  no pueden entender  que nunca cambiaran al mundo porque son ropa usada sobre maniquíes inermes, menos que en Miami hay dos tipos de cubanos: los que se fueron esquilmados, usurpados y expulsados, obligados a comenzar de cero y los que vivieron diez, quince, veinte años bajo el sistema,  nunca tuvieron nada y encontraron en el exilio una carga más llevadera, están hartos de la política y conservan en su piel, incrustado desde que nacieron, el miedo a denigrar al Comandante en Jefe so pena de no poder viajar con pacotilla para la familia. El señor Juanes dice que no conoce la paz desde que nació, que la extraña en su mansión en el Primer Mundo. La vida es así: los intereses predominantes son los de las minorías. Por eso para satisfacer el espíritu con bellas melodías los millones le pagan a los miles que controlan los canales de comunicación y las creaciones  de los creadores.

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