No pocos neófitos han calificado al «modelo socialista» como un rotundo fracaso, un camino errado que ha demostrado su inconsistencia, sobre todo después de la caída del Muro del Berlín. Los análisis, centrados en la fría comparación con el capitalismo son válidos, pero no del todo certeros. Lo que sucede es que el socialismo no es lo que parece; es lo que ya ha existido modernizado: el feudalismo reformado a los intereses de los que encarnan la parte oscura de la humanidad. Los seres humanos tienen un comportamiento de manada, las mayorías se pliegan ante quien les demuestra poder, poder, disputado por otros individuos fuertes. La vida transcurre, para unos, luchando por imponerse, para los demás tratando de adecuarse al vencedor. La desigualdad es la piedra angular del universo. La humanidad no avanza por un derrotero único, sino por tantos cuantos líderes existan, pero como para sobrevivir, el caos debe subordinarse a ciertas leyes, se reduce, con diversas tendencias, al que ha llevado al capitalismo, sistema imperfecto producto de la propia diversidad, como todo lo que salga de la mente del hombre, y el que se le opone, como el amor al odio y la felicidad a la tristeza. Tampoco es la única fuerza del mal que existe, sino una de sus variantes. Hay varios regímenes que oprimen y destruyen, y no se califican de comunistas. Los nombres nada definen, los fascistas bajo la guía de Hitler no se diferenciaron demasiado de los comunistas sojuzgados por Stalin, tan sólo en las personalidades; los objetivos coinciden aunque varíen las tácticas y las estrategias. Si hace quinientos años los monarcas empleaban el frío asesinato en el siglo XXI los Castro, el aprendiz Chávez y los de este echan mano a los medios de difusión masiva, a esbirros entrenados en métodos sicológicos de represión, son herederos de la maledicencia acumulada en la historia de la humanidad, la cual ha evolucionado para no desaparecer, atravesando ciclos de esplendor y de declive. No puede ser destruida de raíz, es el contrapeso imprescindible para un equilibrio incomprensible porque es brutal. La vida se mantiene con la letal energía del sol. Lo que interviene en la creación de formas superiores de organización de la materia es su enemigo más encarnizado. El hombre, especie dominante, es el principal enemigo de sí mismo, destruye la naturaleza que lo parió, a lo vivo, a lo inerte que lo alimenta. No puede evitarlo está en sus genes tensar los límites que lo sustentan, El hombre es lo que ha sido, y lo que será es un misterio, los sucesos futuros no son elegibles.
Subscribe to:
Post Comments (Atom)
No comments:
Post a Comment