Juanita Castro reveló que se implicó con la CIA, para debilitar la dictadura instaurada por su hermano Fidel, en los años sesenta. A estas alturas ¿a quiénes les importa, y la relativa «humanidad» de Raúl Castro? A la editorial Santillana, al canal Univisión, los cuales persiguen obtener ganancias intentando convertir en mar un charquito, a los descendientes de emigrados que indagan sobre antecedentes lejanos por curiosidad, a los desplazados septuagenarios, a los que por ignorancia, ingenuidad o desvirtuada solidaridad difunden y premian blogs de cuestionables patriotas. La agonía de un pueblo por medio siglo, los muertos, los humillados, no producen millones, tampoco la labor de Eduardo Padrón al frente del Miami Dade College, adecuada para una crónica periodística o para una entrevista, ni los que con sacrificio, en el exilio, vencen o fracasan con el corazón compungido por las diferencias culturales y la añoranza perdida. Las ganancias las generan los chismes de los famosos. No importa si son autócratas cubiertos con la sangre de los anónimos aplastados por tales liderazgos torcidos. Parece que los próximas generaciones de cubanos seguirán naciendo muertos. La crisis alimentaria y de insalubridad no mellará al régimen: se sustenta en décadas de miedo inoculado con acertada propaganda que se ha traducido en una profunda indiferencia de los nacidos después de la caída del Muro del Berlín y en la resignación de la franja etaria que soportó los primeros treinta años de consolidación comunista. Los dictadores, responsables de los regímenes de derecha, de las sangrientas guerras en Centroamérica, inspiradores de Chávez y los acólitos que amenazan con sumir a todo el continente en el vasallaje ignominioso, no van a ceder el poder voluntariamente; no les importa la comunidad internacional, la que durante medio siglo ha oscilado entre el apoyo directo, el indirecto y la condena a un embargo, sin cuya existencia el pueblo no gozaría, en términos generales, de mejores condiciones de vida. El poder es más adictivo y más letal que la cocaína. Los que se levantan con hambre, los que solamente desean trabajar para comer continuarán ignorados e incomprendidos; los opresores, millonarios, gozando de lo que les queda de vida, y enriqueciendo a los familiares cercanos. Así que restan dos caminos: la resignación representada por los que sobreviven filmando escenas en direcciones municipales de migración, para engañar a los que no son cubanos, que muestran a funcionarios anonadados por la valentía de falsos opositores, por los chivatos, por los corruptos, por los que roban a los conciudadanos; las bestias producto de la adaptación que consolidan la dominación. La segunda opción es la rebelión violenta, con seguridad, sería rechazada por la OEA, la ONU y la Unión Europea; la moda es la paz y la negociación. La angustia de los explotados es una maldición que nada más puede revertirse en otra vida, pero la esperanza, que no sea la impuesta por los Castro, es un derecho restringido, como conocer que hay más allá del mar azul que rodea lo que un día fue, bien o mal llamada, la perla del Caribe. Ojalá la intervención norteamericana en la guerra de Independencia de finales del siglo XXI nos hubiera premiado con la condición de Estado Libre Asociado; la «independencia» ha resultado muy cara.
Wednesday, October 28, 2009
Colaboró con la CIA ¿y qué?
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