La ONU por amplia mayoría condenó las restricciones comerciales impuestas por Estados Unidos a Cuba en 1962 y, por supuesto, el gobierno dictatorial cubano saltó de alegría; el declive económico más importante desde la desintegración del campo socialista, por la ingénita dependencia externa, no será su fin. Cada vez que está seriamente amenazado las coyunturas internacionales lo sostienen. Si tiene un pacto con el Diablo es a prueba de fuego, bajas temperaturas y huracanes de categoría cinco. En los noventa el carisma de Fidel y el ascenso al poder de Hugo Chávez fueron los hechos salvadores. Esta vez la expansión de los gobiernos ultraizquierdistas, la dañina influencia de estos en las organizaciones políticas regionales y mundiales y un cambio en las posturas del gobierno de los Estados Unidos y de La Unión Europea a favor del diálogo.
Mario Molina, premio Nobel de Química, cursó estudios de postgrado en prestigiosas universidades; es una celebridad científica a base de sacrificio estudio y trabajo que ha retribuido a la humanidad la pasión por la investigación. En Cuba no es posible; las personas son propiedad de los Castro y de sus instrumentos de dominación. Los estudios superiores no son gratuitos, están condicionados a la sumisión, al menos públicamente, al Régimen; el talento es secundario. El título no es un pasaporte para el desarrollo intelectual posterior. Los ingenieros y los licenciados no gozan de ningún reconocimiento, para vivir deben robar y vender en el mercado negro, productos terminados y materias primas; migrar hacia ocupaciones lucrativas relacionadas con el turismo o las ventas minoristas con el mismo objetivo: sustraer, de lo contrario sobrevivir en el límite de la pobreza, como ignorantes. La estrategia comunista ha sido un éxito; la oposición no existe, los que critican un poco no cuentan, «perro que ladra no muerde», están aislados y vigilados, o son agentes encubiertos, otra consecuencia del hambre y la degradación que oxigena a las autocracias; no es casual que en todos los sistemas socialistas enseñoree el déficit material. A los gobernantes les basta para vivir como reyes con los subsidios de los chinos y los venezolanos. El pueblo ha sido doblemente traicionado, ser una pequeña isla, sin recursos naturales ha sido un fatalismo. Así que con o sin Libreta de Abastecimientos, comedores obreros y mercados agropecuarios seguiremos obligados a repetir entre dientes el «¡Patria o Muerte!», o errar por el mundo arrastrando nuestra condición de sin patria, pagando bien caro los trámites consulares, las llamadas, las visitas y las remezas que aliviaran a los nuestros, pero que sostienen a los opresores. Si Barack Obama hubiera nacido en Cuba nos comprendería. No podemos culparlo por tal fortuna ni exigirle que nos entienda. Solamente podemos pedirle que nos escuche. De todas formas: «Ojos que no ven, corazón que no siente».
Mario Molina, premio Nobel de Química, cursó estudios de postgrado en prestigiosas universidades; es una celebridad científica a base de sacrificio estudio y trabajo que ha retribuido a la humanidad la pasión por la investigación. En Cuba no es posible; las personas son propiedad de los Castro y de sus instrumentos de dominación. Los estudios superiores no son gratuitos, están condicionados a la sumisión, al menos públicamente, al Régimen; el talento es secundario. El título no es un pasaporte para el desarrollo intelectual posterior. Los ingenieros y los licenciados no gozan de ningún reconocimiento, para vivir deben robar y vender en el mercado negro, productos terminados y materias primas; migrar hacia ocupaciones lucrativas relacionadas con el turismo o las ventas minoristas con el mismo objetivo: sustraer, de lo contrario sobrevivir en el límite de la pobreza, como ignorantes. La estrategia comunista ha sido un éxito; la oposición no existe, los que critican un poco no cuentan, «perro que ladra no muerde», están aislados y vigilados, o son agentes encubiertos, otra consecuencia del hambre y la degradación que oxigena a las autocracias; no es casual que en todos los sistemas socialistas enseñoree el déficit material. A los gobernantes les basta para vivir como reyes con los subsidios de los chinos y los venezolanos. El pueblo ha sido doblemente traicionado, ser una pequeña isla, sin recursos naturales ha sido un fatalismo. Así que con o sin Libreta de Abastecimientos, comedores obreros y mercados agropecuarios seguiremos obligados a repetir entre dientes el «¡Patria o Muerte!», o errar por el mundo arrastrando nuestra condición de sin patria, pagando bien caro los trámites consulares, las llamadas, las visitas y las remezas que aliviaran a los nuestros, pero que sostienen a los opresores. Si Barack Obama hubiera nacido en Cuba nos comprendería. No podemos culparlo por tal fortuna ni exigirle que nos entienda. Solamente podemos pedirle que nos escuche. De todas formas: «Ojos que no ven, corazón que no siente».
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