Monday, October 12, 2009

El premio Nobel de Obama

Obama está de moda; impactó a la academia sueca. El presidente es buen orador, proyecta la imagen de hombre sencillo y es negro; la mezcla perfecta que conmueve a los blancos eruditos que desprecian la discriminación, pero que la fomentan con el favoritismo ingenuo. No son hipócritas, sino humanos pecadores. Lo justo es relativo y está convoyado con la incomprensión; fue repudiado George Bush, quien hizo más por la paz: declaró la guerra a los talibanes, derrocó a Saddan Hussein, le plantó mala cara a los proyectos de Chávez de revivir el socialismo (hambre, miseria, explotación, reducción de las libertades individuales, abuso de poder, desprecio por la vida, muerte y migraciones masivas). Quizás, cometió el error de no influir para que Iraq e Irán se desangraran en una guerra fratricida que los debilitara antes de someterlos por separado. Miles de inocentes hubieran muerto, y millones o buena parte de la humanidad si las armas nucleares entran a formar parte del arsenal iraní A Obama, le temblará la mano para detenerlo por la fuerza. Ni siquiera lo condenó con contundencia cuando el pueblo se manifestó en las calles para protestar contra el fraude electoral, y tampoco permite que Israel asuma el papel de mercenario. Es un soñador, y estos no quieren reconocer que los odios entre naciones, como entre  individuos, son inevitables. Los líderes, personas, instituciones o gobiernos, son envidiados, acosados y atacados. El mundo no entiende que Estados Unidos es la opción que representa el progreso; Irán, China o Rusia el oscurantismo y el retroceso que experimentó Europa Occidental al caer Roma. El mal enamora y el bien aburre; no debería ser, pero es así. Puede ser que estemos en el preludio de una próxima reversión, que la aparición del comunismo en el siglo XX marcara los primeros indicios y que los avances de lo que será el planeta ya han sido ensayados en Corea y en Cuba. Si es así la academia sueca ni la mayoría del planeta lo entenderán. La vida es una ilusión cargada de peligros, una metáfora incompleta, una composición amorfa que se satisface con la sordidez.

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