Los ciudadanos de Costa Rica sufrieron dos nuevas decepciones futbolísticas en pocas horas: la selección nacional no pudo clasificarse directamente para el próximo campeonato mundial de balompié que se celebrará en Sudáfrica el próximo año y, la de menores de veinte años, acarició el tercer lugar en el de Egipto, pero se acoquinaron durante los tiros de penales. En ese país es el único deporte que recibe cobertura de radio, de televisión y de prensa, el resto, como si fueran disciplinas marcianas, ni siquiera unos Juegos Olímpicos despiertan el fervor nacional; más que la ignorancia, es parte de la cultura social el mínimo interés por ampliar los horizontes cognoscitivos, característico del provincianismo endémico rural reforzado por la propaganda simplista. Las causas hay que buscarlas en la forma de educar: los niños viven detrás de las rejas y de las puertas de las casas con mínimo intercambio social: las áreas deportivas se conservan por el poco uso. El juego constante desarrolla los talentos, el concepto de equipo y el espíritu competitivo, tal como ocurre en Argentina y en Brasil. En Costa Rica, en cambio, se conforman con unas competencias domingueras de unos equipos de estudiantes, a veces, de la misma aula, que se hablan, con suerte, durante el recreo. Los niños encerrados maduran con lentitud o nunca. Tampoco aprecian el entrenamiento concienzudo de los países desarrollados. La educación física es demasiado «cansada» para mayores y chicos. Hace unos días leí un artículo de opinión de un columnista que exaltaba la criolla costumbre tica de perecear y que criticaba a la norteamericana por priorizar el trabajo y la creación de riqueza. Y, casi al mismo tiempo, un editorial que informaba que el cuarenta por ciento de las exportaciones eran producto de la tecnología desarrollada en el país: pura mentira. Los del Norte son los que construyen las bases tecnológicas que rigen la sociedad humana; sin ellos, el Tercer Mundo no sería más que tribus de cazadores-recolectores-pescadores, mas estos los culpan de continuar en la cola. La envidia es parte de la vida, producto del complejo de inferioridad, de la incapacidad para sobreponerse a la inercia. Es más fácil condenar; por eso los comunistas han tenido siempre seguidores a pesar de los estragos que causan.
El equipo de mayores no clasificará; los integrantes no tiene madera de vencedores; no pueden ser motivados, el individualismo lo impedirá. Para variar la historia deberán sobreponerse a sí mismos, y los pueblos son retrógrados. Los juveniles serán una excepción para el recuerdo: avanzaron sin experiencia previa en los equipos de Primera División, como no ocurre en las potencias continentales. En Costa Rica la juventud no recibe oportunidades, a nadie le importa formar: son cachazudos; espectadores que esperan avanzar sin sudar; por consiguiente, eternos perdedores.
El equipo de mayores no clasificará; los integrantes no tiene madera de vencedores; no pueden ser motivados, el individualismo lo impedirá. Para variar la historia deberán sobreponerse a sí mismos, y los pueblos son retrógrados. Los juveniles serán una excepción para el recuerdo: avanzaron sin experiencia previa en los equipos de Primera División, como no ocurre en las potencias continentales. En Costa Rica la juventud no recibe oportunidades, a nadie le importa formar: son cachazudos; espectadores que esperan avanzar sin sudar; por consiguiente, eternos perdedores.
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