Comenzó en la Habana la cumbre del ALBA con la misma cantaleta de siempre: los Estados Unidos pretenden ocupar militarmente la América Latina, según una de las posibles interpretaciones de la Doctrina Monroe (documento presentado por el quinto presidente de ese país en el año 1823). Ha llovido mucho desde entonces, pero los dictadores cubanos, los hermanos Castro, siguen invocando el pasado de la manera que les conviene a ellos, como el Papa de Roma a Jesús Crucificado. La prueba de tal mentira es que Chávez sigue en el poder, y los sostiene con el dinero del petróleo que vende a los norteamericanos, los que, a pesar del bloqueo, suministran los alimentos que se ofertan en divisas en la Isla, los de la cuota de la bodega, de cuarta categoría, los envían baratos los hermanos de ideología.
El mensaje acogido por los miembros de este club de los monstruos, el que pretende establecer una especie de CAME a la criolla alrededor de Venezuela, deja bien claro que los socialistas del siglo XX, del XXI y del XXXIII son ratas de una misma madriguera, con sus más y con sus menos. De lo contrario no se apandillarían en la cuna de la burocracia que estableció el Capitalismo de Estado en la región, institucionalizando el menosprecio a los mínimos valores humanos. Una cosa es respetar una forma de gobierno ajena, otra muy distinta rendirle la pleitesía de los cómplices. A Fidel lo admiran quienes desean imitarlo; «chupándole el rabo a la jutía hasta la muerte».
Previo a esta cumbre se firmaron varios acuerdos con valor multimillonario entre Cuba y Venezuela, como ha ocurrido antes, son una maniobra para llenar de falsas expectativas las esperanzas del pueblo cubano y para engañar a la opinión pública internacional. Cuba no tiene nada qué vender. De la industria azucarera, entre las más avanzada a nivel mundial en su tiempo, no quedan ni los recuerdos. La marina mercante y la pesquera desparecieron por la descontrolada explotación. Los colaboradores médicos cumplen una función meramente política. Los socialistas son artífices de la propaganda. No tienen más remedio que repetir y repetir la fórmula que los eterniza en el poder.
Estos encuentros no fortalecen la alianza entre los pueblos; los primeros en ser aislados para que no conozcan de primera mano los despilfarros, los latrocinios y los crímenes que ocurren a su alrededor; los ignorantes son más fáciles de dominar. Por eso la prioridad es controlar los medios de difusión masiva, con la justificación de que pertenecen a los «explotadores capitalistas», para hacer gala de los logros que demuestran las estadísticas de los ministerios que controlan y que nadie puede contradecir por falta de información y por miedo.
Uno de los objetivos de este artificioso convite de mandatarios parlanchines es fijar una posición común para la reunión de Copenhague, la que no pasará de criticar a quienes han traído el progreso a costa de envenenar el ambiente, es cierto, pero que en la actualidad son los únicos que diseñan tecnologías menos contaminantes y realizan los mayores desembolsos para revertir el calentamiento global, la causa del cual aún es desconocida, ya que los diferentes intereses enmascaran la veracidad de los juicios, además de que el planeta es un sistema muy complejo todavía no muy bien comprendido.
Así que los voceros del ALBA clamarán por más dinero, ofenderán, afianzarán las divisiones y evitarán los compromisos. Si reciben dinero pedirán más que invertirán en fortalecer las fuerzas represivas y militares; el que la debe la teme.
Los socialistas no respetan nada. En Cuba solo hay políticas de conservación en el papel. Las playas famosas en el mundo han sido destruidas, las aguas residuales no reciben tratamiento, el alcantarillado es de principios del siglo pasado y las pocas plantas con tecnología obsoleta vierten en ríos y en bahías. La justificación es la falta de recursos. Pero los millones aportados por la URSS se dilapidaron en fomentar la subversión. Por supuesto, todo se sabrá algún día cuando el sufrimiento de los que han muerto engañados por el Socialismo en estos cincuenta años yazca cubierto por el polvo del olvidadizo tiempo, como la mayoría de las injusticias pasadas. La verdad la conocerán quienes no sufrieron.
La declaración final del encuentro será muy parecida a la pasada y seguramente a las futuras. No reconocerán las elecciones en Honduras y clamarán por sanciones mundiales contra ese pobre país sin importarle que el pueblo sea el más afectado. En definitiva, es el instrumento de los dictadores y de los demócratas para encaramarse en el poder. La sociedad es una perfecta lucha individual por la supervivencia, y el ALBA una asociación que conspira contra la estabilidad política y el desarrollo económico continental.
El mensaje acogido por los miembros de este club de los monstruos, el que pretende establecer una especie de CAME a la criolla alrededor de Venezuela, deja bien claro que los socialistas del siglo XX, del XXI y del XXXIII son ratas de una misma madriguera, con sus más y con sus menos. De lo contrario no se apandillarían en la cuna de la burocracia que estableció el Capitalismo de Estado en la región, institucionalizando el menosprecio a los mínimos valores humanos. Una cosa es respetar una forma de gobierno ajena, otra muy distinta rendirle la pleitesía de los cómplices. A Fidel lo admiran quienes desean imitarlo; «chupándole el rabo a la jutía hasta la muerte».
Previo a esta cumbre se firmaron varios acuerdos con valor multimillonario entre Cuba y Venezuela, como ha ocurrido antes, son una maniobra para llenar de falsas expectativas las esperanzas del pueblo cubano y para engañar a la opinión pública internacional. Cuba no tiene nada qué vender. De la industria azucarera, entre las más avanzada a nivel mundial en su tiempo, no quedan ni los recuerdos. La marina mercante y la pesquera desparecieron por la descontrolada explotación. Los colaboradores médicos cumplen una función meramente política. Los socialistas son artífices de la propaganda. No tienen más remedio que repetir y repetir la fórmula que los eterniza en el poder.
Estos encuentros no fortalecen la alianza entre los pueblos; los primeros en ser aislados para que no conozcan de primera mano los despilfarros, los latrocinios y los crímenes que ocurren a su alrededor; los ignorantes son más fáciles de dominar. Por eso la prioridad es controlar los medios de difusión masiva, con la justificación de que pertenecen a los «explotadores capitalistas», para hacer gala de los logros que demuestran las estadísticas de los ministerios que controlan y que nadie puede contradecir por falta de información y por miedo.
Uno de los objetivos de este artificioso convite de mandatarios parlanchines es fijar una posición común para la reunión de Copenhague, la que no pasará de criticar a quienes han traído el progreso a costa de envenenar el ambiente, es cierto, pero que en la actualidad son los únicos que diseñan tecnologías menos contaminantes y realizan los mayores desembolsos para revertir el calentamiento global, la causa del cual aún es desconocida, ya que los diferentes intereses enmascaran la veracidad de los juicios, además de que el planeta es un sistema muy complejo todavía no muy bien comprendido.
Así que los voceros del ALBA clamarán por más dinero, ofenderán, afianzarán las divisiones y evitarán los compromisos. Si reciben dinero pedirán más que invertirán en fortalecer las fuerzas represivas y militares; el que la debe la teme.
Los socialistas no respetan nada. En Cuba solo hay políticas de conservación en el papel. Las playas famosas en el mundo han sido destruidas, las aguas residuales no reciben tratamiento, el alcantarillado es de principios del siglo pasado y las pocas plantas con tecnología obsoleta vierten en ríos y en bahías. La justificación es la falta de recursos. Pero los millones aportados por la URSS se dilapidaron en fomentar la subversión. Por supuesto, todo se sabrá algún día cuando el sufrimiento de los que han muerto engañados por el Socialismo en estos cincuenta años yazca cubierto por el polvo del olvidadizo tiempo, como la mayoría de las injusticias pasadas. La verdad la conocerán quienes no sufrieron.
La declaración final del encuentro será muy parecida a la pasada y seguramente a las futuras. No reconocerán las elecciones en Honduras y clamarán por sanciones mundiales contra ese pobre país sin importarle que el pueblo sea el más afectado. En definitiva, es el instrumento de los dictadores y de los demócratas para encaramarse en el poder. La sociedad es una perfecta lucha individual por la supervivencia, y el ALBA una asociación que conspira contra la estabilidad política y el desarrollo económico continental.
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