La «primera novedad» rebelada por el sucesor y hermano del Gran Dictador Fidel Castro en la rutinaria sesión del Parlamento cubano en este diciembre fue que la economía creció. Siempre ocurre, no importa que la realidad lo niegue; la existencia de los cubanos gira alrededor de una cabeza desde hace cincuenta años. Y la «segunda» fue acusar de espía a un ciudadano norteamericano, cuya verdadera condición y afiliación es irrelevante. Un acercamiento con Estados Unidos pondría en peligro el aislamiento que alimenta el poder omnímodo. Pero es importante engañar a la opinión pública mundial, aunque se recurra a los mismos métodos. Para qué cambiarlos si han dado resultado. La comunidad internacional espera por un milagro desde la caída del Muro de Berlín, hace veinte años, y no se vislumbran los cambios que todos desean también en la Perla del Caribe, y que seguirán esperando eternamente. Las transformaciones sociales no ocurren por obra y gracia de los deseos, sino de los esfuerzos. Y Raúl ha entrado en razones, es mejor dejar las cosas como están y no apostar a lo desconocido. El discurso de medio siglo continuará, el mundo avanzará paso a paso y Cuba retrocederá hasta que las ruinas aplasten a la gente; entre menos bulto más claridad.
La incorporación de una Cuba democrática al concierto internacional solo beneficiaría al pueblo ya que no tiene grandes recursos naturales que ofrecer a las transnacionales; playas y sol se encuentran por todas partes. Así que, en definitiva, las carencias no menguarán hasta que no aparezca una nueva URSS. Los chinos son muy pragmáticos y los chavistas unos tercermundistas con un poco de petróleo que terminarán despilfarrando para favorecer su propia pobreza.
Los que se fueron, nacidos con la Revolución, desean vivir bien lejos, visitar la Isla de vez en cuando y enviar remezas, pero no organizarse para tumbar al Régimen, este los entrenó bien. El patriotismo no existe entre los que no tienen qué defender; la identidad cultural no es suficiente. Los que fueron expropiados han envejecido y sus descendientes no tienen más vínculo que la curiosidad histórica. El prohibir la propiedad privada ha sido el arma que ha mantenido contra viento y marea el sistema de gobierno cubano, una notable diferencia con respecto a las dictaduras militares que asolaron la América Latina. El Socialismo no ha fracasado, como propugnan quienes no están bautizados con su agua infecta, pues nunca tuvo como objetivo elevar la dignidad humana, por el contrario, pisotearla y reducirla a la mínima expresión. No es un experimento fallido, es un intento de dominación que asumió lo más repulsivo del campo socialista con innovaciones originales.
La cumbre de gobiernos de Copenhague fracasó, en parte, porque el ALBA promovió la división en vez de pasarla por alto para bien de la humanidad. Los países desarrollados son culpados de promover la tecnología que desean para sí los subdesarrollados. Basta con visitar a estos últimos para comprobar que el Medio Ambiente es una prioridad que no se lleva a la práctica.
En tanto Chávez subsidie a sus pares cubanos seguirá incólume el poderío de los añejos rebeldes barbudos. Si los de adentro no se ponen las pilas huir para olvidar lo que verdaderamente son será la única añoranza, y el mal continuará matando. Ni siquiera los españoles lograron evitar que la idiosincrasia se diferenciara y se rebelara contra la opresión colonial. Pero así es la vida, perfecciona lo maligno con una naturalidad pasmosa.
La incorporación de una Cuba democrática al concierto internacional solo beneficiaría al pueblo ya que no tiene grandes recursos naturales que ofrecer a las transnacionales; playas y sol se encuentran por todas partes. Así que, en definitiva, las carencias no menguarán hasta que no aparezca una nueva URSS. Los chinos son muy pragmáticos y los chavistas unos tercermundistas con un poco de petróleo que terminarán despilfarrando para favorecer su propia pobreza.
Los que se fueron, nacidos con la Revolución, desean vivir bien lejos, visitar la Isla de vez en cuando y enviar remezas, pero no organizarse para tumbar al Régimen, este los entrenó bien. El patriotismo no existe entre los que no tienen qué defender; la identidad cultural no es suficiente. Los que fueron expropiados han envejecido y sus descendientes no tienen más vínculo que la curiosidad histórica. El prohibir la propiedad privada ha sido el arma que ha mantenido contra viento y marea el sistema de gobierno cubano, una notable diferencia con respecto a las dictaduras militares que asolaron la América Latina. El Socialismo no ha fracasado, como propugnan quienes no están bautizados con su agua infecta, pues nunca tuvo como objetivo elevar la dignidad humana, por el contrario, pisotearla y reducirla a la mínima expresión. No es un experimento fallido, es un intento de dominación que asumió lo más repulsivo del campo socialista con innovaciones originales.
La cumbre de gobiernos de Copenhague fracasó, en parte, porque el ALBA promovió la división en vez de pasarla por alto para bien de la humanidad. Los países desarrollados son culpados de promover la tecnología que desean para sí los subdesarrollados. Basta con visitar a estos últimos para comprobar que el Medio Ambiente es una prioridad que no se lleva a la práctica.
En tanto Chávez subsidie a sus pares cubanos seguirá incólume el poderío de los añejos rebeldes barbudos. Si los de adentro no se ponen las pilas huir para olvidar lo que verdaderamente son será la única añoranza, y el mal continuará matando. Ni siquiera los españoles lograron evitar que la idiosincrasia se diferenciara y se rebelara contra la opresión colonial. Pero así es la vida, perfecciona lo maligno con una naturalidad pasmosa.
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