Wednesday, December 9, 2009

Los Evos y los Morales

Evo Morales fue reelegido con un amplio margen de ventaja para un nuevo periodo presidencial en Bolivia; al igual que los socialistas conocidos no le alcanza uno, ni dos ni tres. Aunque la popularidad sacrifica la economía y el bienestar a largo plazo las mayorías históricamente relegadas no piensan en el mañana, solo en llenar las barrigas cuando tienen hambre, y por eso son engañadas tanto por populistas como por demócratas. Para continuar gobernando Morales recurrió a la fórmula habitual: repartir el dinero que quita a los «marrulleros» capitalistas, los que explotan, pero crean riquezas; los con insuficiente preparación profesional no pueden. Es cierto que les han negado la educación, y también que se han resistido a integrarse al mundo de los descendientes de los blancos, quienes les alteraron las vidas sin consultarles. Lo cual es lógico: no se puede borrar la influencia de varios siglos en pocos. A diferencia de los bárbaros que fueron atraídos por la cultura romana, en esta zona, han tratado de frenarla. No es criticable, pues todas las civilizaciones tienen sus particularidades, tampoco los españoles conquistadores se parecían a los descendientes de Rómulo y Remo. Llegaron con el pasado a cuestas; ocho siglos de lucha contra los moros les impidió seguir la huella de Inglaterra y de Francia. Por otra parte, ser doblegado por una civilización más avanzada es una norma histórica innegable desde que el Homo sapiens desbancó al Homo neanderthalensis.
No es suficiente respetar las tradiciones de las comunidades autóctonas ni garantizarles el derecho sin restricciones a la educación y la salud, deben integrarse y cooperar  y, entre estas existen diferencias irreconciliables. Además, los que han acumulado capital se resistirán a cederlo, poniéndolo a buen recaudo en el exterior. Los roces alejarán a los capitales foráneos, sin los cuales es imposible el desarrollo. Los años en el poder enferman a cualquiera de autoritarismo, y de las consultas se pasa a las imposiciones, sobre todo cuando se comprueba que lo en apariencia sencillo de resolver es muy complicado de implementar. Y la cúpula proletaria, humana al fin y al cabo, se vuelve tan o más corrupta que la precedente. La culpa será achacada a los Estados Unidos y Europa Occidental, incluso antes de que la Luna de Miel termine, así lo hizo Fidel Castro, y Cuba cada día se acerca a la condición económica, política y social que ningún país desea. El Socialismo ha significado incremento de la miseria y del subdesarrollo. Defender tal sistema es condenar a los pueblos que desean vivir mejor y no saben cómo. Es difícil explicarles que para vencer a la ley de la desigualdad es preciso mucho tiempo y pocas imposiciones que violen la naturaleza social. A Fidel Castro no le ha importado sacrificar a millones de inocentes por sus manías de grandeza; Chávez cada día acopia más poder personal, cuyas consecuencias son menos libertades individuales y más frustraciones. Las crisis capitalistas son cíclicas, las socialistas eternas porque las relaciones de producción frenan a las fuerzas productivas, contradicción que Marx imputó al Capitalismo y que el Socialismo real mostró con crudeza, acentuando la división de clases ya que aumenta el número de desposeídos y reduce drásticamente el de los privilegiados decisores universales.
Bolivia no marchaba por buen camino, mas puede adentrarse por uno más intrincado y desolado. El gobierno populista ya expulsó a la DEA de su territorio para congraciarse con los cocaleros, buscando votos y porque la droga significa dinero para subsidios y chantajes. No es difícil conocer los modus operandi, basta con estudiar los pasos de Chávez, mientras exista la prensa independiente. En Cuba, ni siquiera los cubanos conocemos lo que sucede en el barrio más cercano, menos las confabulaciones canallescas de nuestro «líder histórico». Lo urgente es pensar en qué habrá de comida al día siguiente, en un país donde el más destacado galeno gana menos que un soldado afgano analfabeto.

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