Qué maravilloso es superar todos los niveles de enseñanza sin más preocupaciones que las inherentes a la franja etaria correspondiente, aunque obtener una ingeniería represente una quijotada mental y física; asaltar ómnibus en plena marcha después de perseguirlos, como el ratón al gato, viajar por horas exprimido por el exceso de pasajeros, rodeado de olores sofocantes, de calores ingratos, pisoteado y vapuleado por la estrechez; vencer el hambre y la sed, pues Socialismo es equivalente a padecer, por más que la Real Academia Española lo defina con conceptos pomposos. Por eso con el título ganado las decepciones comienzan. El trabajo es un entretenimiento que aburre, el dinero un regalo que ofende y las metas sueños irrealizables. Lo barato es caro cuando condiciona la dignidad y la libertad. El Socialismo se equipara con la Alta Edad Media, los cinco siglos posteriores a la caída del Imperio Romano de Occidente, donde predominó el caos, las hambrunas, la desurbanización, un estancamiento de las ciencias y de las artes. Se diferencia en que aquel fue un proceso social natural; la evolución no es un proceso ni rectilíneo ni uniforme. El Socialismo, en cambio, es forzado por las personalidades, quienes manipulan las circunstancias a su favor; para que perdure debe existir un líder fuerte, así como el Islam nació en torno a Mahoma y el Cristianismo se expandió por la persistencia de Pablo de Tarso. En cierto sentido el Socialismo trata de eternizar las consecuencias de este periodo transitorio: el aislamiento. La ignorancia es el alimento de los dogmas, de la explotación y del poder perdurable. Por eso debe erigir una muralla para reproducir condiciones de vida que históricamente están por desaparecer, es, quizás, el estertor del cambio, el cual dura más que un suspiro, el que al ocurrir en los países más pobres anuncia que las civilizaciones son muy diversas. Los deseados altos niveles de vida son producto de un largo proceso que se puede acortar por la influencia directa de las civilizaciones más avanzadas. A medida que pasa el tiempo el antiantropocentrismo socialista es menos efectivo y más efímero, ya que los adelantos científico-técnicos acortan las distancias y facilitan el intercambio. Por supuesto, si se manifiesta en las eras de expansión, como la que vivimos desde el Renacimiento; la conquista de América fue un evento local, donde la civilización más evolucionada subyugó a la más atrasada, lo contrario de lo ocurrido cuando los godos y longobardos ocuparon la península itálica.
La decepción persigue allende los mares; no siempre se encuentra en el exilio la satisfacción profesional pretendida, y los años de sacrificios se malgastan como la vida de millones a lo largo de milenios; la cual tiene un valor diferenciado, parte de su génesis invariable. La Historia escucha a los protagonistas y actores de reparto, los espectadores son un número frío y seco.
La decepción persigue allende los mares; no siempre se encuentra en el exilio la satisfacción profesional pretendida, y los años de sacrificios se malgastan como la vida de millones a lo largo de milenios; la cual tiene un valor diferenciado, parte de su génesis invariable. La Historia escucha a los protagonistas y actores de reparto, los espectadores son un número frío y seco.