Wednesday, February 10, 2010

Desenfreno

Toyota ha sorprendido al mundo al verse obligado a retirar del mercado millones de vehículos. La confiabilidad de los productos japoneses ha caído en entredicho, pero no es el último caso: el desenfreno rompe los límites de lo supuestamente lógico, por más que es evidente. No hay desarrollo sin excesos. La sociedad humana ha evolucionado hacia un incremento de la competitividad con el respectivo endurecimiento del conflicto comercial, pero contienda, al fin y al cabo, por subyugar los favores de los consumidores, el objetivo de los conquistadores modernos; las empresas privadas que sostienen los estados que las contienen y aquellos donde anclan las sucursales. Los países con grandes corporaciones trasnacionales son más influyentes a nivel mundial, independientemente de las formas de gobierno.
El consumismo es una muestra de libertad; poder escoger implica evolución del pensamiento desde la imposición hacia la negociación. En la época de Carlomagno los hombres tenían un dueño que les imponía lo que debían pensar, creer y realizar. Las armas lo eran todo, la vida no valía nada; ahora son imprescindibles para que agoten los productos. El afán de lucro también obliga a los ricos a ocuparse de los pobres que deben manejar los medios de producción cada vez más sofisticados, resultando en un beneficio desigual, pero recíproco.
Los conflictos que abarcan millones de kilómetros cuadrados se han reducido al mismo tiempo que la regionalización se fue afianzando. Ya no es posible que unos godos o unos longobardos ocupen una península itálica desplazando a los nativos. Hitler fue el último que intentó hacerlo y fracasó. Estados Unidos no pretende suplantar el Islam en Irak ni en Afganistán. Ya el mundo no es lo que era; está más integrado y los intereses particulares más relacionados con los allende de las fronteras. Incluso, se ha humanizado: quinientos años atrás la tragedia de Haití no hubiera movilizado a países tan lejanos, como Israel, aun los impulse intereses políticos muy particulares. En siglos pasados las apariencias eran menos importantes y no reportaban beneficios directos a segundos, sino a costa de la pérdida de la autonomía. Por supuesto, esta evolución ha costado sangre, destrucción y muerte, y ha ocurrido con intermitencias, alternando ciclos de avances con los de retrocesos a nivel global y nacional. Tal es el caso de Cuba; un país que atraviesa una propia edad oscura. El socialismo revierte la conformación de la sociedad: obstruye el desarrollo desarticulando el veinte por ciento que crea la riqueza para suplantarlo, en la dirección del ochenta de ejecutores restantes, por un Chamán, quien decide la vida y la muerte de la mayoría por obra del engaño, la manipulación y la división. El socialismo cumple con la promesa de alterar el ciclo histórico del hombre regresándolo a orígenes «más igualitarios» donde predominaban la pobreza y falta de derechos de la comunidad. No por gusto en las escuelas socialistas se enseña que fue una época «dorada». Al eliminar la competencia se apaga el motor del desarrollo con la consecuente pérdida de valores y la desorientación; el individuo se vuelve menos humano. Sin embargo, el inepto que sabe que la tierra gira alrededor del sol sigue rezando por la riqueza que solo crea esfuerzo. Los que yacen esperando por la llegada del Mecías son los que se dejan engañar y, como carne de cañón, destruyen a quienes generan la riqueza que les toca en ínfima parte; escogen no tener nada. Sin dudas hay pueblos menos evolucionados que otros.
Las necesidades básicas del Homo sapiens se han sofisticado; el alimento y el abrigo buscan satisfacción más que mantener la vida en mínimos tolerables. El desarrollo de una parte del mundo influye en la restante. El camino está bien trazado, pero cubierto de zarzales y no exento de catástrofes mortales.

Monday, February 8, 2010

De nuevo

Laura Chinchilla, la candidata por el Partido Liberación Nacional, ganó la presidencia de Costa Rica con amplia ventaja, lo que significa la permanencia en el poder de la agrupación con los militantes de más ascendencia económica. Los escándalos de corrupción y los turbios manejos para pagar las contribuciones que llevaron al poder a Oscar Arias hace cuatro años, ni siquiera la crisis económica que aumentó la pobreza, minaron la confianza del electorado. No es de extrañar, esta es una sociedad aletargada. La casi victoria de Otón Solís en los comicios pasados se debió a que el mandatario en turno rompió records en pésima gestión. El cambio que este propugnaba asustó a los pobres, los que nadie tiene en cuenta,  los más conservadores, los más ignorantes, decidieron en su contra por estrecho margen en aquella ocasión. De haber triunfado se hubiera encontrado en una encrucijada. Lograr que las inoperantes instituciones estatales fueran eficientes era una tarea imposible de cumplir con simples disposiciones, aun con mayoría en la Asamblea Legislativa. Así que para consumar sus metas no iba a tener más remedio que utilizar el método de Correa en Ecuador: dividir la sociedad para obtener el apoyo suficiente para cambiar la Constitución con dominio en el Parlamento, lo que estancaría al país y es la base para la dictadura que, a fin de cuentas, tampoco resuelve el problema de la inequidad social, la falta de empleos y de oportunidades, lo cual en buena medida es debido a que los que no tienen no se esfuerzan por superarse en buena lid, sino que esperan, como el borracho que al preguntarle por qué no votaba respondió que no apoyaría a los que les sobra el dinero, mientras él, apenas podía pagarse el vicio.  El método de Arias de no enfrentar el problema de la ineficiencia, sino de pasarle por el lado, promoviendo la inversión privada para resolver los graves problemas de infraestructura que frenan el desarrollo, es el adecuado aunque, la burocracia siga exprimiendo al Estado. La nueva presidenta continuará la misma estrategia por cuatro años. Ella triunfó interpretando el papel de segundona, no tiene ideas nuevas, es predecible. Y, a no ser que tenga un as escondido bajo la manga, lo que no es probable, ya que es una empleada de la maquinaria que dirige Arias, no habrá sorpresas. Además, cumple con los parámetros simplistas de esta sociedad; es una mujer de edad madura atractiva y fotogénica, lo que es importante; el ser humano piensa primero con los ojos. Aparenta carácter, como la mayoría de las ticas, posee trayectoria política y una maestría en Estados Unidos. Entonces, es de esperar que la inseguridad siga creciendo porque no depende de más policías ni de aumentarles el sueldo, imposible sin una reforma fiscal que el gobierno anterior no quiso enfrentar para no afectar la base económica del Partido. De todas formas, el continuismo excesivo tampoco es beneficioso porque incrementa demasiado la corrupción, como ocurrió en México con el PRI. Los partidos que esperan estrenarse en la silla presidencial deberán esperar que esto ocurra. Costa Rica no es Taiwán ni Singapur, y la presidenta no parece que dejará más impronta que la de ser la primera mujer. La sociedad no soportaría una figura, asimismo, liberal e independiente.

Tuesday, February 2, 2010

Lo que se cree

La masa entiende por democracia la posibilidad de elegir presidente por voto directo entre varios candidatos de diferentes partidos, los cuales se fundan para satisfacer los intereses específicos de los grupos sociales que representan, los que coinciden y discrepan constantemente hasta en el propio seno de estos; lo primero para un individuo es su yo. En igual medida los designados a la asamblea, instaurada para evitar la dictadura, son la voz de sí mismos, y de la agrupación por la cual se postulan. En Estados Unidos una reforma para cubrir a toda la población de seguro médico encuentra múltiples obstáculos, seguramente quienes lo necesitan no se oponen; una muestra de que no se debe estar entre los desfavorecidos para no sentirse ajeno a la sociedad. Los gobiernos representan lo contradictorio de la vida humana, y las leyes promulgadas beneficiarán a fracciones más o menos mayoritarias. En los países donde las plataformas de los diferentes partidos no difieren en lo esencial, la alternancia y la discrepancia tienden a beneficiar cada vez a más integrantes, son aquellos donde el conservadurismo endógeno, característico de los humanos, es menos diletante. Centroamérica, en cambio, lo es y, la pobreza, con sus males asociados golpea a gran parte de la población. Los candidatos prometen, y no cumplen, de izquierda o de derecha, en parte porque para triunfar hay que decir lo que se quiere oír, en parte porque la inercia de este tipo de sociedades requiere de los esfuerzos pausados de los siglos. Así en las próximas elecciones de Costa Rica los electores deberán escoger entre una mujer que no tiene más virtud que ser fiel sirviente del partido que agrupa a los sectores económicos más poderosos, y que es apoyada por un número importante de simpatizantes que siguen la marea sin preguntar hacia dónde se dirige. Un llamado libertario que cambia de discurso como de camiseta, y un sospechoso que no se sabe si pretende parecerse a Manuel Zelaya, Ortega o Evo Morales. Uno que se autodenomina menos malo, como si lo importante fuera la originalidad del anuncio publicitario. La variedad no significa democracia, pero las esencias son complicadas para las mayorías.