Laura Chinchilla, la candidata por el Partido Liberación Nacional, ganó la presidencia de Costa Rica con amplia ventaja, lo que significa la permanencia en el poder de la agrupación con los militantes de más ascendencia económica. Los escándalos de corrupción y los turbios manejos para pagar las contribuciones que llevaron al poder a Oscar Arias hace cuatro años, ni siquiera la crisis económica que aumentó la pobreza, minaron la confianza del electorado. No es de extrañar, esta es una sociedad aletargada. La casi victoria de Otón Solís en los comicios pasados se debió a que el mandatario en turno rompió records en pésima gestión. El cambio que este propugnaba asustó a los pobres, los que nadie tiene en cuenta, los más conservadores, los más ignorantes, decidieron en su contra por estrecho margen en aquella ocasión. De haber triunfado se hubiera encontrado en una encrucijada. Lograr que las inoperantes instituciones estatales fueran eficientes era una tarea imposible de cumplir con simples disposiciones, aun con mayoría en la Asamblea Legislativa. Así que para consumar sus metas no iba a tener más remedio que utilizar el método de Correa en Ecuador: dividir la sociedad para obtener el apoyo suficiente para cambiar la Constitución con dominio en el Parlamento, lo que estancaría al país y es la base para la dictadura que, a fin de cuentas, tampoco resuelve el problema de la inequidad social, la falta de empleos y de oportunidades, lo cual en buena medida es debido a que los que no tienen no se esfuerzan por superarse en buena lid, sino que esperan, como el borracho que al preguntarle por qué no votaba respondió que no apoyaría a los que les sobra el dinero, mientras él, apenas podía pagarse el vicio. El método de Arias de no enfrentar el problema de la ineficiencia, sino de pasarle por el lado, promoviendo la inversión privada para resolver los graves problemas de infraestructura que frenan el desarrollo, es el adecuado aunque, la burocracia siga exprimiendo al Estado. La nueva presidenta continuará la misma estrategia por cuatro años. Ella triunfó interpretando el papel de segundona, no tiene ideas nuevas, es predecible. Y, a no ser que tenga un as escondido bajo la manga, lo que no es probable, ya que es una empleada de la maquinaria que dirige Arias, no habrá sorpresas. Además, cumple con los parámetros simplistas de esta sociedad; es una mujer de edad madura atractiva y fotogénica, lo que es importante; el ser humano piensa primero con los ojos. Aparenta carácter, como la mayoría de las ticas, posee trayectoria política y una maestría en Estados Unidos. Entonces, es de esperar que la inseguridad siga creciendo porque no depende de más policías ni de aumentarles el sueldo, imposible sin una reforma fiscal que el gobierno anterior no quiso enfrentar para no afectar la base económica del Partido. De todas formas, el continuismo excesivo tampoco es beneficioso porque incrementa demasiado la corrupción, como ocurrió en México con el PRI. Los partidos que esperan estrenarse en la silla presidencial deberán esperar que esto ocurra. Costa Rica no es Taiwán ni Singapur, y la presidenta no parece que dejará más impronta que la de ser la primera mujer. La sociedad no soportaría una figura, asimismo, liberal e independiente.
Monday, February 8, 2010
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