Salí de la isla del Caribe para hundirme en un pueblucho en medio del Valle Central, un lugar que vive del café sin que existan grandes plantaciones, donde la gente se sienta a esperar por un no sabe qué, donde no hay forma honrada de vivir: los pequeños negocios sobreviven como una locomotora de vapor del siglo diecinueve, para exhibición, por el capricho de negarse a buscar nuevos horizontes. Costa Rica no tiene nada de Suiza y sí mucho de África; dejadez, envidia y desdén por todas partes. No es un país igualitario, sino de egoístas, de chovinistas que son más orgullosos cuanto más tontos, donde hay más instituciones estatales ineficientes que en un país comunista. Escribir un blog es un una prueba de resistencia: mi conexión ADSL del ICE es un huésped perenne. Aparece y desaparece en cualquier momento y cuanto más inestable más cuesta. Y para qué quejarse si no hay forma de remplazarlo. Y la apertura en telecomunicaciones es para la ciudad. En el campo no hay competidores: la demanda no se incrementa, la vida es una reiteración. Por eso escribo y publico cuando puedo. Los fines de semana la inestabilidad alcanza el climax para torturarme más. Soy, quizás, entre los «elegidos» que vivían mejor dentro de la esclavitud. Mi mujer dice que no hace falta y el vecino no le encuentra utilidad; en los noticiarios sola la denigran. El miedo paga los espacios publicitarios de las televisoras, las cuales no tienen más que ofrecer.
Ayer leí el último artículo, sobre cómo abordar la inseguridad ciudadana, escrito por Kevin Casas, el «flamante» ex vicepresidente, quien estudió en una universidad del Primer Mundo, tiene buenas relaciones y, consecuentemente un futuro promisorio, aunque escriba estupideces, no tenga madera de líder, don de mando y escasa visión política. El problema de la policía ineficiente no radica en los bajos salarios ni en las deprimentes condiciones de desempeño. Influyen, pero no determinan. Jamás será una función adecuadamente remunerada. El problema está en la falta de exigencia que se manifiesta en todos los niveles y sectores. Los ticos confunden libertad con libertinaje. No es casual que el libro de cabecera del Che Guevara fuera El hombre mediocre; hay hombres que determinan y otros que obedecen, regidores y regidos, pero como el ochenta por ciento de la humanidad cae dentro de esa inquietante y real calificación lo hicieron un mártir, un ejemplo de virtud, gracias a la verborrea de Fidel y su pericia para manipular la historia, la que en mi tierra se ha pedido por obra del interés en dominar y explotar. Los hombres son una raza despreciable: se relacionan mejor con las bestias que con sus iguales. Por más que contradictoriamente las relaciones sean imprescindibles, más en Costa Rica. Pero mi nativa mujer no lo cree así, piensa que atravesamos dificultades porque yo no quiero buscar trabajo de ingeniero, levantarme a las cuatro de la mañana, los buses son una rareza histórica, ni llegar a las ocho de la noche cubierto de barro, las aceras no existen ni en lo que llaman ciudades.
La señal de internet llegó y se fue en un segundo y seguirá así, tal vez sea comunista, o el comunismo no exista, y todos los hombres sean iguales, y la vida una lucha sin cuartel. Llegó nuevamente: ¿Cuánto demorará en desaparecer? Dicen que regresar a la isla sería una estupidez, que la «Seguridad» me haría la vida imposible, más aquí es una terrible necesidad. Nuestro pequeño negocio cumple tres semanas de ganancias nulas, y los precios acaban de aumentar. Así que internet será pronto un desagradable recuerdo. Comencé a aplicar para encontrar trabajo, he enviado no sé cuántas hojas de vida. Y que será de mi libro. Justo al terminarlo la cosa se puso fea y no he podido viajar para obtener el ISBN, como si mi destino fuera fracasar sin remedio. Si el señor existe me tiene en la lista negra. Y si me voy tampoco podré publicarlo; habré desperdiciado más años. La vida es una mierda para algunos. La conexión dura nueve minutos, claro, la velocidad es tan baja que editar será un suplicio: dos buenas noticias son demasiado para mí. Se fue, como yo tengo ganas de hacer. No soporto vivir entre tanta gente que me es y le soy indiferente. En la isla vivía con mis padres, aquí en un cuartucho de palo a punto de derrumbarse, si antes no me caigo yo con todo el reguero de esta gente, adictos a cerrar el paso con todo tipo de regueros. No hay dudas que José Ingenieros tenía razón.
Definitivamente no podré publicar hoy, la internet no aparece. Y luego los bloggeros cubanos se quejan de limitaciones. Aquí me roban y tampoco puedo protestar, es una realidad que no contemplé, que nadie creería, pero que existe. El comunismo está en todas partes, la diferencia es que en la isla y en todas las dictaduras llega a su máxima expresión. Aquí no percibo protestas masivas, esta gente son candidatos idóneos para caer bajo las garras del socialismo del siglo XXI.
Ayer leí el último artículo, sobre cómo abordar la inseguridad ciudadana, escrito por Kevin Casas, el «flamante» ex vicepresidente, quien estudió en una universidad del Primer Mundo, tiene buenas relaciones y, consecuentemente un futuro promisorio, aunque escriba estupideces, no tenga madera de líder, don de mando y escasa visión política. El problema de la policía ineficiente no radica en los bajos salarios ni en las deprimentes condiciones de desempeño. Influyen, pero no determinan. Jamás será una función adecuadamente remunerada. El problema está en la falta de exigencia que se manifiesta en todos los niveles y sectores. Los ticos confunden libertad con libertinaje. No es casual que el libro de cabecera del Che Guevara fuera El hombre mediocre; hay hombres que determinan y otros que obedecen, regidores y regidos, pero como el ochenta por ciento de la humanidad cae dentro de esa inquietante y real calificación lo hicieron un mártir, un ejemplo de virtud, gracias a la verborrea de Fidel y su pericia para manipular la historia, la que en mi tierra se ha pedido por obra del interés en dominar y explotar. Los hombres son una raza despreciable: se relacionan mejor con las bestias que con sus iguales. Por más que contradictoriamente las relaciones sean imprescindibles, más en Costa Rica. Pero mi nativa mujer no lo cree así, piensa que atravesamos dificultades porque yo no quiero buscar trabajo de ingeniero, levantarme a las cuatro de la mañana, los buses son una rareza histórica, ni llegar a las ocho de la noche cubierto de barro, las aceras no existen ni en lo que llaman ciudades.
La señal de internet llegó y se fue en un segundo y seguirá así, tal vez sea comunista, o el comunismo no exista, y todos los hombres sean iguales, y la vida una lucha sin cuartel. Llegó nuevamente: ¿Cuánto demorará en desaparecer? Dicen que regresar a la isla sería una estupidez, que la «Seguridad» me haría la vida imposible, más aquí es una terrible necesidad. Nuestro pequeño negocio cumple tres semanas de ganancias nulas, y los precios acaban de aumentar. Así que internet será pronto un desagradable recuerdo. Comencé a aplicar para encontrar trabajo, he enviado no sé cuántas hojas de vida. Y que será de mi libro. Justo al terminarlo la cosa se puso fea y no he podido viajar para obtener el ISBN, como si mi destino fuera fracasar sin remedio. Si el señor existe me tiene en la lista negra. Y si me voy tampoco podré publicarlo; habré desperdiciado más años. La vida es una mierda para algunos. La conexión dura nueve minutos, claro, la velocidad es tan baja que editar será un suplicio: dos buenas noticias son demasiado para mí. Se fue, como yo tengo ganas de hacer. No soporto vivir entre tanta gente que me es y le soy indiferente. En la isla vivía con mis padres, aquí en un cuartucho de palo a punto de derrumbarse, si antes no me caigo yo con todo el reguero de esta gente, adictos a cerrar el paso con todo tipo de regueros. No hay dudas que José Ingenieros tenía razón.
Definitivamente no podré publicar hoy, la internet no aparece. Y luego los bloggeros cubanos se quejan de limitaciones. Aquí me roban y tampoco puedo protestar, es una realidad que no contemplé, que nadie creería, pero que existe. El comunismo está en todas partes, la diferencia es que en la isla y en todas las dictaduras llega a su máxima expresión. Aquí no percibo protestas masivas, esta gente son candidatos idóneos para caer bajo las garras del socialismo del siglo XXI.
El lunes fue el día que pude publicar ya no pondré fechas, seguiré como pudad
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